Versión Moderna
1929 por Enrique Pratt
Santiago capítulo 1
Stg 1:1 SANTIAGO, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud.
Stg 1:2 Tenedlo, hermanos míos, por ocasión de todo gozo, cuando cayereis en diversas tentaciones;
Stg 1:3 sabiendo que la prueba de vuestra fe obra paciencia.
Stg 1:4 Y dejad que la paciencia tenga su obra perfecta, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.
Stg 1:5 Empero si a cualquiera de vosotros le falta sabiduría, pídasela a Dios, el cual da con largueza a todos, y no zahiere; y le será dada.
Stg 1:6 Mas pida con fe, sin la menor desconfianza; porque aquel que es desconfiado, es semejante a una ola del mar, impelida por el viento, y echada de una parte a otra;
Stg 1:7 ¡no piense pues un tal hombre, que recibirá cosa alguna del Señor;
Stg 1:8 hombre de ánimo doble, inconstante en todos sus caminos!
Stg 1:9 Gloríese el hermano de baja condición, en su alteza;
Stg 1:10 el rico empero, en su bajeza; porque como la flor de la hierba, así él pasará.
Stg 1:11 Porque una vez que se levanta el sol, con un viento abrasador, se seca la hierba, y se cae su flor, y perece la belleza de su apariencia: así también el rico se marchitará en todos sus caminos.
Stg 1:12 Bienaventurado el hombre que soporta la tentación; porque cuando raya sido probado, recibirá la corona de vida, que ha prometido el Señor a los que le aman.
Stg 1:13 No diga nadie cuando es tentado: Tentado soy por parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado de cosas malas, m él tienta a nadie;
Stg 1:14 sino que cada uno es tentado por su propia concupiscencia, cuando es arrastrado y halagado por ella.
Stg 1:15 Entonces la concupiscencia, habiendo concebido, pare el pecado; y el pecado cuando ha llegado a su colmo, da a luz la muerte.
Stg 1:16 No os engañéis, amados hermanos míos.
Stg 1:17 Toda buena dádiva y todo don perfecto de arriba es, descendiendo del Padre de las luces, de parte de quien no puede haber variación, ni sombra de mudanza.
Stg 1:18 De su propia voluntad él nos engendró, con la palabra de verdad, para que seamos nosotros, en cierto sentido, las primicias de sus criaturas.
Stg 1:19 Vosotros lo sabéis, mis amados hermanos. Mas sea cada hombre pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse;
Stg 1:20 porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.
Stg 1:21 Por lo cual, poniendo aparte toda inmundicia, y todo exceso vicioso, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual es poderosa para salvar vuestras almas.
Stg 1:22 Mas sed hacedores de la palabra, y no solamente oidores de ella, engañándoos a vosotros mismos.
Stg 1:23 Porque si alguno es oidor de la palabra y no hacedor, el tal es semejante a un hombre que mira su rostro natural en un espejo:
Stg 1:24 porque él se mira, y se va, y luego se olvida de cómo es.
Stg 1:25 Empero el que escudriña cuidadosamente la ley perfecta, la ley de libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste tal será bendecido en lo que hace.
Stg 1:26 Si alguno piensa que es religioso, y no refrena su lengua, antes engaña su corazón, la religión del tal hombre es vana.
Stg 1:27 La religión pura y sin mácula delante de nuestro Dios y Padre, es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en su aflicción, y guardarse sin mancha del mundo.