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Reina-Valera
1865 por Ángel de Mora y Enrique Pratt

Santiago capítulo 1

Stg 1:1 SANTIAGO siervo de Dios y del Señor Jesu Cristo, a las doce tribus que están en la dispersión, salud.
Stg 1:2 Hermanos míos, tenéd por todo gozo cuando cayereis en diversas tribulaciones:
Stg 1:3 Sabiendo que la prueba de vuestra fé obra paciencia.
Stg 1:4 Mas tenga la paciencia su obra perfecta, para que seais perfectos y cabales, sin faltar en alguna cosa.
Stg 1:5 Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela a Dios, (el cual da a todos dadivosamente, y no zahiere,) y serle ha dada.
Stg 1:6 Empero demande en fé, no dudando nada; porque el que duda, es semejante a la onda de la mar, que es movida del viento, y es echada de una parte a otra.
Stg 1:7 No piense pues el tal hombre que recibirá cosa alguna del Señor.
Stg 1:8 El hombre de doblado ánimo, es inconstante en todos sus caminos.
Stg 1:9 Además, el hermano que es de humilde condición, gloríese en su ensalzamiento;
Stg 1:10 Mas el que es rico, en su humillación; porque él se pasará como la flor de la yerba:
Stg 1:11 Que salido el sol con ardor, la yerba se secó, y su flor se cayó, y su hermosa apariencia pereció: así también se marchitará el rico en sus caminos.
Stg 1:12 Bienaventurado el varón que sufre tentación; porque después que fuere probado, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.
Stg 1:13 Cuando alguno es tentado, no diga, que Dios me tienta; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a alguno:
Stg 1:14 Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraido, y cebado.
Stg 1:15 Y la concupiscencia después que ha concebido, pare al pecado: y el pecado, siendo cumplido, engendra muerte.
Stg 1:16 Hermanos míos muy amados, no erréis.
Stg 1:17 Toda buena dádiva, y todo don perfecto es de lo alto, que desciende del Padre de las lumbres, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.
Stg 1:18 El de su propia voluntad nos ha engendrado por la palabra de verdad, para que seamos como primicias de sus criaturas.
Stg 1:19 Así que, hermanos míos muy amados, todo hombre sea pronto para oir, tardío para hablar, tardío para airarse;
Stg 1:20 Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.
Stg 1:21 Por lo cual dejando toda inmundicia, y superfluidad de malicia, recibíd con mansedumbre la palabra injerida en vosotros, la cual puede hacer salvas vuestras almas.
Stg 1:22 Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.
Stg 1:23 Porque si alguno oye la palabra, y no la pone por obra, este tal es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural:
Stg 1:24 Porque él se consideró a sí mismo, y se fué; y luego se olvidó qué tal era.
Stg 1:25 Mas el que hubiere mirado atentamente en la ley perfecta que es la de la libertad, y hubiere perseverado en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este tal será bienaventurado en su hecho.
Stg 1:26 Si alguno de entre vosotros piensa ser religioso, y no refrena su lengua, sino que engaña su propio corazón, la religión del tal es vana.
Stg 1:27 La religión pura y sin mácula delante de Dios y Padre es esta: Visitar los huérfanos y las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.